Hubo un tiempo en el que nada parecía poder torcer la emergente e incipiente vida de la cofradía. Días de seriedad absoluta, cultos profundos, cera de calidad, juventud rabiosamente implicada, bordadores de ideas punteando y punteando, madera tallada y proyectos en cada rincón de cada miembro que formaban el todo…

Ese tiempo en que los disimulos fueron impregnándose de espeso limo, fue el tiempo en que las noticias vivían en su magisterio dorado de verdades inamovibles y nunca se atisbó que los aficionados a periodista, los voceros cofrades, avanzarían hasta donde hoy se encuentran. En ese tiempo, que a poco que nos esforzamos recordamos todos, se sembró el germen de una revolución interior y minúscula. 

En ese micro universo que aún sobrevive, en el que nos desenvolvemos con tan poca destreza, un cosmos reducido y selecto, inaccesible para muchos, decadente, los voceros cofrades parecemos ser, para alguno, el eje del mal.

Vivimos de un imaginario chisme que no hace sino demostrar a cada noticia que se va cumpliendo, que no es tal. Vivimos en una forma de dar titulares que la casta no comprende porque nunca tuvo las narices necesarias para darlos. 

Un ejemplo, hace veinte años, e incluso diez, para enterarte de un cambio de capataz o hermano mayor, o estabas en el ajo o te lo encontrabas puesto a la salida penitencial. Aquí la mayoría se limitaba a lanzar crónicas repetidas al papel, esquelas de cultos (ese formato solo puede llamarse así) y, con suerte, algún álbum más meritorio que otra cosa.

Luego, el cruel matrero que es el tiempo, trajo la diversificación de la “Red”. No lo califique de libertad, que ese término solo existe en su significado ortodoxo. Y puso en la palestra a gente que opina.

Mortal de necesidad. Al que está en la poltrona, que alguien se atreva a toser y negar la mayor, le molesta en un modo elevado a N cuando tiende al infinito. Les pondré un ejemplo ficticio

“Escucha, Pepe, resulta que el Vice Hermano Mayor, como elefante en cacharrería, abroncó al Hermano Mayor y lo desautorizó, poco menos que indicando que quién manda es él, que ni Hermano Mayor, ni gaitas, y eso es lo que hay. Y al vocero cofrade, que inmediatamente retire la noticia que ha colgado hasta nueva orden, ¿orden?, ¡qué vergüenza!... esto no se puede tolerar… 

Lo que si te pido es que no salga mi nombre. No, no puede figurar en ningún sitio que he sido yo el que te ha dado la información…, es que yo no quiero señalarme, que quiero seguir saliendo en la cuadrilla… Ahora te paso la bronca vía mensaje con pelos y señales…”

Se sorprenderían de la poca distancia que existe entre la ficción y la realidad e incluso se sorprenderían de que, tal vez para ganar méritos, algún cofrade recién aterrizado se permita el lujo de vilipendiar al vocero propagando que la noticia de algún nombramiento, salió horas antes de que fuese oficial, siendo demostrable a quien quiera que no fue así de ninguna de las maneras, pero uno ya no se sorprende de casi nada.

A veces llego a creer que lo que algunas páginas cofrades estamos haciendo es una especie de servicio público; otras veces las dudas me arremeten. Supongo que como todo en esta vida, la virtud está en situarse en el punto medio, que está determinado por comprobar la noticia. Cuando se puede verificar por diversas fuentes debe contarse y cuando no, esperar.




Comprendo perfectamente que muchos no puedan creerse que esto está sucediendo, pero lamentablemente, así es. Por cierto, cansa ya que los detractores, que inevitablemente todos en este mundillo tenemos, algunos sencillamente por haber recibido una crítica en nuestra página en alguna ocasión, continúen anclados en la absurda cantinela de que se publican noticias sin tener información, y eso si que es rotundamente falso, y que tirando por la calle de en medio, para rematar la faena, siempre siempre, procuran apresuradamente matar al mensajero.


Pedro Bueno Jiménez



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Ánfora y Corazón

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